Si el otro día la imagen de Candy Candy me recordaba a aquellas (depresivas) tardes de domingo, ¿qué os puedo decir de éstas? Me recuerda aquellos sábados jugando a la pelota en el callejón que había al lado de casa mis padres y a alguien gritando "que empieza V". Gloriosas meriendas aquellas que cuando no tocaba el bocata de Nocilla, tocaba el de atun Apis o el mantequilla Tulipán. A propósito, una de mis (muchas) frustraciones de infancia es que no aterrizara aquel maldito helicóptero en el patio de mi colegio...
